asquerosamente ricos
de los archivos de epstein, documentales y espantos.
En Argentina hay cientos de pueblitos, cientos, con menos de tresmil habitantes. Se les llama areas urbanas porque no alcanzan a ser una ciudad, pero sí son lugares reconocidos, con gente que se conoce mucho, porque son pocos y los infiernos grandes. Por ejemplo, Villa del Pomán tiene, según los datos del censo de 2010, 2,856 habitantes y está al oeste de Catamarca, Argentina, dentro del departamento Pomán. O también Pueblo 9 de Julio, en Corrientes. allí el dato está mas actualizado: al censo de 2020, tenía 3402 habitantes. Por lo menos hasta 2024, cuando desapareció Loan, un nenito de cinco años que vivía ahí.
La cantidad de multimillonarios equivale a un pueblo pequeño, es cierto, pero justo los habitantes de esta ciudad móvil, repartida por el mundo, que arma redes de confianza, de poder, de lealtad, y sobre todo de impunidad, se vio expuesta estos días: la prensa, las redes, los políticos los llaman los Archivos Epstein. creo que los llaman así para un poco ficcionalizarlo: los expedientes x, la ley y el orden UVE, todos los documentales de true crime que hemos visto a lo largo de estos años, nos han desensibilizado y a la vez advertido, claro. Todo nos shockea, por un rato: la nueva tanda de documentos, mails, fotos, una avalancha de cosas con las que no sabemos bien qué hacer. La estrategia parece ser ahogarnos en datos pero no poder hilar un relato congruente, espantarnos con historias de canibalismo y abusos hasta paralizarnos. Podrían salirse con la suya si no supiéramos que esto no es nuevo. Y es que todo es posible, como en el Cuento de la Criada, porque todo lo que pasa en la serie y en los libros pasó y pasa en algún lugar del mundo. En una isla privada pero también en una Colonia de Chile, en un curso de coaching empresarial, o en una pseudo religión, o en una religión de más de 2000 años.
También sabemos que es cierto porque nos pasó a nosotrxs. Cuando #YaNoNosCallamosMás, #MeToo, #MiráCómoNosPonemos y demás explosiones de testimonios tuvieron su momento, nos contamos colectivamente nuestras historias para advertir (a otres, a la comunidad) del peiigro, de la impunidad. A eso se le llamó cultura de la cancelación: creo que nosotrxs buscábamos una cultura de las consecuencias. Y saben qué? Unos años después, votamos a uno que decía que el Estado es un pedófilo que entra a un jardín de infantes con los niños atados y envaselinados. Esa descripción que sólo puede salir de una mente horriblemente deformada o de un recuerdo, no espantó a la suficiente cantidad de gente. Y mientras más leo, encuentro ramificaciones inesperadas pero no sorpresivas de lxs habitantes de esa ciudad pequeñita y peligrosísima: Epstein y Maxwell fueron una pareja organizada en las redes sociales también. Movieron muchísima, muchísima plata, para radicalizar y acompañar proyectos políticos de extrema derecha, siendo el ejemplo más claro el del amigo íntimo y “colega” condenado por abuso sexual Donald Trump.
Radicalizar a los varones, explotar niñas y adolescentes: un trabajo concienzudo, organizado y en marcha. Y lxs ciudad pequeñita y peligrosa no eran personas despistadas y desprevenidas: Epstein era un convicto y registrado como predador sexual desde 2008. Se “suicidó” en 2019, estando en la cárcel. Su compañera, condenada por abuso ella misma y por tráfico de personas, sigue presa. Pero los conocemos a lxs dos porque vimos los documentales de Netflix, no por una denuncia anónima en Facebook o en un blog random. Nadie podía no saber. esto confirma mi sospecha íntima de que los abusos sexuales en las infancias no le importan a nadie. Nadie deja de juntarse con un pedófilo condenado mientras tenga poder, o incluso si no lo tiene: no parece lo suficientemente grave. Son los crímenes menores, que bien caracteriza Rita Segato: esas violencias que reciben una cierta comprensión, una compasión, una justificación, de todo el mundo.
De todos menos de los movimientos transfeministas, antirracistas, decoloniales. Porque al tráfico y la explotación de seres humanos no lo inventó Epstein ni lo estamos descubriendo ahora: sobre los cuerpos de las personas negras y marrones de este mundo se construyó Occidente, los genocidios son fundantes de los Estados. Y que a los nenes, las nenas y las chicas las desaparecen para alimentar las redes de trata tampoco. Lo dicen los ciudadanos de Minessota que están echando a ICE, la agencia que caza inmigrantes de cinco años, que mató a Renée Good de diez balazos: no es que sean (sólo) nazis, es que los nazis sacaron ideas del Ku Klux Klan.
Soy una gran consumidora de los documentales de sectas y cultos: los estudio, trato de entender qué es lo que hay detrás, qué estructura los ordena, qué se repite, qué se diferencia. Para saber cómo salir de ahi, hay que poder entender cómo se entra ahi.
Quizás es mi sesgo pero lo que encuentro que se repite una y otra vez en la estructura de grupos de alto control (tal el nombre propio de la cosa) es el control y el poder ejercido por varones y algunas mujeres -como cómplices y también cómo víctimas vueltas opresoras a su vez- sobre los cuerpos y las vidas de otras mujeres, niñas y niños y adolescentes.
En esa línea, cuando el gobierno lo ganó la fórmula Milei y Villarroel, prometiendo luchar contra la ideología de género -pero también contra el sindicalismo, la escuela pública y en general todo lo que construye comunidad- entendí que estábamos entrando en un territorio diferente, políticamente hablando. Esto se presenta como un culto mesiánico, una promesa de Dios, con enemigos que no dejan que se cumpla lo que el Uno ha mandado, que están en contra de un enviado: eso es pensamiento de secta. y se usa para ir corriendo los límites de lo tolerable. También me pregunto si todo lo que la cultura produce en relación a esto no es, a su vez, preparación cultural. Lo mismo que advierte (ponele), espectaculariza, normaliza. Miramos, leemos y escuchamos sobre lo horrible del mundo real como una serie de Netflix: esperando el próximo capítulo, el plot twist. O también que alguien haga algo.
El año pasado, el amigo de Trump de acá, el que habla con dios vía su perro muerto, que pasa miles de horas en las redes retuiteando cosas hechas con Inteligencia Artificial -mientras artificialmente nos cuenta cómo baja la pobreza y la inflación con un Indec que bien podría dirigir Nik a estas alturas- nos declaró la guerra a los colectivos LGBTIQ*, transfeministas y antirracistas. En Davos, donde muchísimos de los ciudadanos del pueblo pequeñismo se reunen una vez al año porque es la sede del Foro Económico Mundial (FEM), una “cumbre donde líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil discuten los problemas más apremiantes del mundo, desde la economía hasta el cambio climático, influyendo en la agenda global”. Ahí, en ese escenario, nos trató de pedófilos. Desfinancian la ESI; radicalizan la misoginia, amparan a los Varones Unidos que tienen espacios para debatir cómo aleccionarnos mejor.
Además de desilusionarnos de los “nuestros” que aparecen y seguirán apareciendo en los archivos (tan 2018!), podemos pasar a pensar qué es lo que sostiene el sistema: (además de la camaradería peneana que no es otra cosa que la fratría, el pacto de caballeros, la admiración por el artista que permite separar la obra, etc) es lo que la interseccionalidad viene intentando que entendamos: la clase, el género, la edad, y la racialización son los pilares desde donde pensar cómo se articula la opresión y explotación de los cuerpos. Y desde donde, creo yo, que tenemos que construir algo: una reacción.
Correrle el cuerpo al espanto, no quedarnos en el morbo para que no nos capture la fuerza: permitir que nos cale hondo, hondísimo, hasta los huesos, una certeza. Que la única minoría peligrosa de verdad son los multimillonarios.




