Saravá!
si vas a hablar mejor que digas algo, no?
mientras el viejo mundo muere, el nuevo no termina de nacer. y en ese claroscuro aparecen monstruos. así dice una frase de Gramsci que usamos para consolarnos mientras intentamos comprender el tiempo que nos toca vivir. esta tarde con Rocío vimos una peli de Marilyn Monroe, filmada en 1950 y me asaltó una pregunta espantosa: y si ya nació el mundo nuevo y es un bebé horrible?
arranqué este texto antes de fin de año y no pude, no supe, no quise continuarlo. había pedido en instagram que me dejaran sus deseos (chiquitos o grandes) de fin de año, para ponerlos aquí y compartirlos con quienes se suscribieron para que las palabras estas les lleguen. parece una pavada, no? decir: quiero que me llegue, cuando sea, lo que de tu pensamiento salga. para mí es una maravilla, así que: gracias por estar ahí. y por la paciencia: estos días han sido de ésos donde las palabras me quedan lejos y tengo que buscarlas mucho. es como si tuviera que caminar muchísimo dentro mío para encontrar el cómo decir lo que está ahí, en mi corazón.
lo que encontré en los ajenos que me respondieron fueron deseos y alegrías compartidas: que podamos terminar los proyectos que quedaron pendientes, un amor que cebe matecitos, saludes (en plural) para todes, un salario que nos deje soñar, claridad para mirar los días, lugares lindos para vivir y ranchar hasta que pase el temporal. me emocioné cuando los lei, quizá la muestra esté sesgada (porque es mi cuenta, después de todo) pero me alivia saber que alrededor hay gente que se piensa en plural. pedí también que me contaran un momento hermoso (chiquito o grande) para que el año no se recordase sólo en su oscuridad: entonces supe y ahora ustedes también que alguien conoció el mar por primera vez, o descubrió una banda nueva que le da felicidad, una amiga se recibió y otra volvió a estudiar, alguien descubrió poesía y personas que la conmovieron, nacieron hijitxs de amigas, otros vienen en camino. otras personas me contaron eventos del presente continuo: confiaron en que podían cosas, vieron crecer flores en casas de abuelas, abrazaron a los amigos. eso me pareció hermoso: abrazarse a alguien o algo en medio de la fiesta o del naufragio, qué belleza.
si vas a hablar mejor que digas algo
porque el silencio es mejor que la nada
a lo mejor mejor que digas “salgo,
a ver qué pasa, a buscar palabras”
Saravá - Duratierra
vimos On Falling y lloré. Rocío me abrazó, entendiendo. sabe ella que enero es un mes difícil para mi, siempre voy y vengo de los recuerdos de los últimos días de mi papá y su desazón y mi imposibilidad de aliviar ese malestar: ocho meses sin cobrar, un verano que apretaba, mi abuelo muerto en diciembre y todo desmoronándose por todas partes. creo que por eso me gustan tanto las pelis de viajes en el tiempo: yo volvería a contarle que eso también iba a pasar, que vaya al médico, que hable con alguien de lo pesado que tenía el corazón. ésta no es de viajes en el tiempo, ésta es aquí y ahora, tan contemporánea como pedir cualquier cosa a cualquier parte del mundo y como querer morirse de vez en cuando. estamos con una laburanta de galpón de pedidos onda Temu y Shein, la peli la muestra sola, inmigrante portuguesa en Escocia, buscando conectar y no pudiendo. hay alrededor suyo mucha gente, vive en un piso compartido, la vida ajustada a un salario exiguo, la ilusión de un trabajo “de oficina, imagínate, estar trabajando sentada”, le dice la compañera con la que comparte el viaje, dividiéndose el precio de la nafta. mi papá tenía masomenos uno de esos: cada tanto iba al campo a supervisar una obra de electrificación rura, se iba “de comisión”. a la vuelta traía historias y naranjas, o bocaditos holanda. yo tambien tengo uno de esos: de oficina en el estado que se achica y se achica y se achica. mientras todo se prende fuego, y las manos que atajan se queman. conversando con Ro, igual que espero que ustedes hagan cuando vean la peli, coincidimos en que es hermosa -puede que ustedes no lloren o quizás si y está bien también-, y que en el corazón de On Falling está una verdad: a Aurora la sostienen los gestos de ternura que hay, siempre hay.
parte de la dificultad para decir estos días viene, me parece, de cómo nombrar la preocupación, la ocupación de las manos en sostener a lxs que se caen, en que las palabras sean justas con la dimensión de las cosas, en no ceder al abatimiento y abandonar. cómo convencer de no abandonar las luchas y los días cuando nos cuentan el cansancio y la tristeza. mi papá decía que a veces hay que desensillar hasta que aclare. , no sé cómo se hace eso tampoco pero intuyo una pista. eso es lo que no sé nombrar: cómo luchar y cómo ganar. y cómo no rendirse.
mientras tanto capaz criamos o creamos este mundo nuevo, lo educamos y le enseñamos lo que queremos ser. y lo que no.



